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“hispter” es una palabra conocida por todos y que deja indiferente a muy pocas personas, es por esto que para iniciar intentare ser un poco honesto con ustedes y dar mi sensación actual respecto a este término de la manera más abstracta posible: el hipster no es sino un reflejo de cómo lo exterior a dominado al humano híper-conectado y como esta categorización sobre generalizada ha tenido como consecuencia un sentimiento que se disuelve en una originalidad exaltada, lo cual ha sido expuesto en un estilo que se destaca por una ambigüedad interior y una uniformidad basada en un desprecio a lo popular, el shuper o hipster intenta ser de ese modo un rupturista, pero un ningún modo un creador.

Pero es tan solo eso? O habrá algo detrás de esta palabra? Al contrario de lo que comúnmente se subentiende, la palabra hipster no es de reciente adquisición sino que se remite a los años ‘50, periodo post segunda guerra mundial─ la fase en que EEUU era personificado como una suerte de Moros[1] contemporáneo, con el poder suficiente para decidir el rumbo de todo occidente, sino es que el del mundo entero. Como consecuencia la juventud de ese tiempo fue invadida por un delirio de grandeza, ese era el Lugar donde los sueños eran posibles, tal como Lorence nos diría en nuestro presente. Mas, el origen no es más que circunstancial y estético, en aquellos días lo común era vestir los pantalones a la cintura, una moda que de un momento a otro fue profanada por un grupo de jóvenes que los empezaron a usar a la cadera (hip en inglés), estos fueron los primeros hipsters, personas que usaban sus pantalones en su pelvis. Un cambio que parece superfluo a simple vista, pero que sin embargo muestra un incipiente deseo de originalidad, un destacar en el cuadro de la vida, una trascendencia que nos revela una disconformidad con la comunidad y un arranque de fragmentación en el estar. Fueron estas las personas que siguieron al pie de la letra un consejo que nos dejó hace unos par de cientos de años un iluminado, don William Blake “las calles del exceso nos llevan a la mansión de la sabiduría” (de “The Marriage of Heaven and Hell”) mostrando este deseo de existir sin preocuparse por un mañana.
En un ambiente donde Charlie “bird” Parker lideraba la música, Jack “memory-man” Kerouac las letras, y Norman Mailer hacía de sustento incendiario, entre otros personajes, se inmortalizaba una juventud impaciente y anhelante de nuevas experiencias, esta no es por nada la generación que antecedió a los hippies. Estos alcohólicos y drogadictos eran los personajes que vivían el día a día enfrentándose a un espacio en el cual la multiculturalidad era cada vez más evidente, el negro, el blanco, el chino, el judío , el irlandés, el japonés… el inmigrante y nuevo colono era el fuego que permitía que las calderas de su presente siguiesen dando luz. Mailer daba una descripción de este nuevo ser:

el Gringo existencialista—el hipster, el hombre que conoce que si nuestra condición social es convivir con una muerte instantánea por una guerra atómica … o con un muerte lenta consecuencia de la conformidad con que se suprimió el instinto creativo y rebelde (al nivel que el daño a la mente y el corazón y el hígado y los impulsos sin cimientos para investigar el cáncer en lo inmediato), si el destino del hombre del siglo veinte es convivir con la muerte desde la adolescencia hasta una prematura senilidad, por qué entonces la mejor respuesta sería aceptar las reglas de la muerte, convivir con la muerte es un peligro inmediato, excluirse de la sociedad, para existir sin raíces, partir hacía un viaje en busca del inexplorado imperativo subversivo del yo interno … la esencia nunca antes dicha del Hip, su brillantez psicopática, estremece el conocimiento que los nuevos tipos de victoria incrementan el poder de encontrar nuevos tipos de percepción: y rechaza, el tipo equivocado de derrota, ataca el cuerpo y encarcela su propia energía […] (Mailer, 1957)
Es en estos momentos que el hipster se devela internamente como un espíritu sensacional, o que vive en la experienciacion. Un tipo que es retratado por una generación entera de escritores, Los Beats o la Beat Generation, entre los cuales destacan diversos autores como por ejemplo el anterior nombrado Kerouac y el ángel maldito Ginsberg siendo estos una especie de artífice y promotor respectivamente de este nuevo estilo de vida. Es el mismísimo Allen Ginsberg quien nos poetiza este ensueño:
Sagrado el saxofon gimiente! Sagrado el apocalipsis
bop! Sagrada la paz hipster
de la marihuana jazzística & el desperdicio & los tambores! (Ginsberg, The Howl, 1955)
Es en este espacio final que los hipster se presentan en su indefensión, en su mundo desprotegido de un sin futuro, tal como dirían los pistols a finales de los ’70. Y es así como me permito terminar este breve acercamiento al hipster, deteniendo el tiempo de esta narración para marchar junto al texto, ya que es esta el área en donde el pasado pierde su espacio y se sitúa en un consciente que da sustento a un nuevo imaginario, el cual nos amplía el espectro de una palabra que fue bañada en la decadencia, el olvido y la reapropiación.